This Is A Custom Widget

This Sliding Bar can be switched on or off in theme options, and can take any widget you throw at it or even fill it with your custom HTML Code. Its perfect for grabbing the attention of your viewers. Choose between 1, 2, 3 or 4 columns, set the background color, widget divider color, activate transparency, a top border or fully disable it on desktop and mobile.

This Is A Custom Widget

This Sliding Bar can be switched on or off in theme options, and can take any widget you throw at it or even fill it with your custom HTML Code. Its perfect for grabbing the attention of your viewers. Choose between 1, 2, 3 or 4 columns, set the background color, widget divider color, activate transparency, a top border or fully disable it on desktop and mobile.

Si de amor se trata…

Hace algunos meses, recibí una llamada de España, desde un programa de radio que ubicaba, en el mundo de habla hispana, a terapeutas y motivadores para abordar algunos temas. En esta oportunidad, la pregunta fue concreta:

– “Lic. Fraga, dada su trayectoria trabajando el amor relacional, nos podría dar un ingrediente importantísimo en una relación de pareja que no sea: comunicación, comprensión, pasión, creatividad, solidaridad, apoyo y respeto?”.

Contesté sin pensarlo mucho:

– “Sin duda, la misericordia. En mi experiencia, sin éste, lo demás resulta insuficiente”.

Cuando en mi herida, o en mi argumento relacional, no soy capaz de detenerme en el otro y ver sus miserias para amarlas también; y esto no implica que no se pongan límites, nunca podremos potenciar el agradecimiento necesario por el hecho de que alguien esté con nosotros y que nos ame, a pesar de nosotros y de nuestro equipaje.

Lo que sucede es que en esta cultura de inmediatez, no nos detenemos a ver nuestras propias miserias, a conjugarlas en nuestro amor y aprender a cargarlas con su peso real. Por eso, al carecer de misericordia con nosotros mismos, nos es muy difícil expresarla a quien nos acompaña en el camino.

En una oportunidad una señora, en su crisis de la cuarentena, me dijo que se iba a operar toda y a renovar su vida, inclusive a concluir su relación de veinte años con su aburridísimo marido. Pasaron dos años y un día llegó a mi consulta para que la ayudara a recobrar a su marido porque algo había sucedido que le había hecho ver las cosas claras. Le pedí que me contara y me dijo:

– “Me operé, quedé estupenda, me separé de mi pareja y en una fiesta conocí a Fernando, diez años más joven, con ganas de vivir, delgado, bello. Entusiasmada, preparé un fin de semana en Aruba y la misma noche que llegamos, caminamos por la playa, bebimos, bailamos, hicimos el amor riquísimo, al amanecer me desperté y me asusté al ver a mi levante durmiendo en el sofá de la habitación, con un taco de papel sanitario en cada oreja; preocupada lo desperté a ver qué le sucedía y me dijo con desprecio:

¡Amiga, tienes que ver cómo haces, porque roncas como un león y casi no pude dormir!”.

En ese momento me metí al baño a llorar y a darme cuenta que mi marido, en veinte años, nunca me había hecho notar algo así y menos haciéndome sentir tan mal.

Hasta la próxima sonrisa:
Carlos Fraga

2012-06-17T09:00:56+00:00